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Archive for the ‘relatos’ Category

Segunda parte de la entrada dedicada al Diario de Patricia (aquí la primera parte). En realidad nunca dedicaría ni lo más mínimo a ese programa, así que esta entrada simplemente habla de ese programa. En realidad yo no llamaría programa, ni siquiera hablaría de él, así que el resto corre a cargo de Carlosbcn, aunque eso sí, no tiene desperdicio…

Pasando a cuestiones más alegres, el asunto de los romances electrónicos, es decir, surgidos de Internet, podría encuadrarse dentro del “amor”, pero yo lo considero un tema aparte. Cuando ya parecía que “El diario de Patricia” iba a entrar en crisis tras haber dejado vacíos los armarios, la tarifa plana y la banda ancha empezaron a extenderse y el programa pronto pudo reabastecerse de testimonios gracias a esta patulea de patanes aprietateclas que se enamoran y desenamoran de un día para otro a golpe de chat y SMS. Yo todavía siento escalofríos cuando algún personaje entra en el plató, se sienta y afirma tener cibernovio/a o alguna sandez por el estilo. Pero a ver, panda de patanes, ¿cómo narices se puede tener novio/a sin conocerlo/a en persona? ¿A quién le puede entrar en la cabeza semejante majadería? Pero no me quejo, porque son estos delirios los que nos deparan algunos de los mejores momentos de esta particular parada de los monstruos.

A modo de ejemplo, puedo explicar lo que vi recientemente mientras me “documentaba” para escribir esto. Enciendo la tele, pongo Antena 3, y aparece un tipo llamado José Antonio o algo así, con una pinta de buenazo y tontorrón impresionante (no es, por tanto, el tipo de caso que comenté más arriba). Está en la clásica cámara de conspiraciones, es decir, en una sala aparte. Los espectadores lo vemos desde nuestras casas, pero el público del plató no se entera de nada. Pues bien, el chico afirma tener novia, bueno, cibernovia. Pero está preocupado: pese a su precaria situación económica, él no hace más que mandarle dinero y pagarle el saldo del móvil a la susodicha, y ella apenas hace nada por alimentar la ardiente llama de ese gran amor que los une. Ya, yo tampoco lo entiendo, pero da igual.


Aquí tenemos al inocentón de turno, a punto de pagar cara su ingenuidad. Patricia se pone de espaldas para que no veamos cómo se relame.

A continuación, volvemos al plató: resulta que entre el público se encuentra la cibernovia. Se trata de una tiparraca más basta que un arado que exhibe una gran dejadez física e intelectual. Tras la comedia de rigor, Patricia la hace sentarse con el resto de invitados, y cuando le pregunta si tiene novio, ésta reconoce tenerlo… solo que se llama Ramón (o algo así), no José Antonio. Ahora bien, si hablamos de cibernovios… Patricia le pregunta, y ella evita responder, hasta que reconoce que ni se acuerda de cuántos tiene o ha tenido, y aunque evita entrar en detalles, se limita a decir, entre risotadas, que a ella el móvil le sale gratis. Mientras tanto, José Antonio no da crédito: ¿quién habría dicho que le iba a engañar así una persona a quien no conocía de nada y que solo mostraba interés por su dinero? Realmente sorprendente.


La cibernovia, todavía entre el público. Otra que paga con la cara. Una gran mujer, aunque solo en algunos sentidos del término.

Poco después, Jose Antonio entra en el plató, se sienta junto a su oscuro objeto de deseo (“oscuro” por que la otra va de negro) y ambos mantienen un breve intercambio de palabras que no llega ni a discusión. Finalmente, el entrañable calzonazos, que no ha tenido bastante con semejante humillación, acepta ser su amigo, y solo le falta pedirle a la presentadora que le patee las pelotas después de que todo el público haya orinado sobre él. Pero no hay tiempo para eso: Patricia zanja el asunto declarándolos amigos para siempre y, a continuación, una francesita que acude al programa con una camiseta donde puede leerse la palabra “fuck”, nos explica cómo viajó desde Francia hasta España para irse a vivir con su amado del ciberespacio, que luego la echó de su casa porque la tipa era una cibergolfilla. Pero dejemos los ejemplos y casos concretos, o no terminaré nunca.


Una cerdita gabacha que pide una segunda oportunidad. Lo de siempre.

A todo esto, no he hablado apenas de la presentadora, Patricia Gaztañaga. Sé que va a sonar muy extraño, pero por algún motivo, esta tía me ha recordado desde el primer día a Óscar de Barrio Sésamo. Sí, esa especie de monstruito verde que vivía en un cubo de basura. Y no es ningún intento de hacer gracia relacionando su programa con la basura, no. Es que realmente me lo recuerda, y ya es rara la cosa, dado que las referencias que manejo normalmente a la hora de hacer comparaciones no son los personajes de Barrio Sésamo. Pero es que la primera vez que vi a la Gaztañaga, me dije: “es Óscar, el de Barrio Sésamo“. No puedo darle una explicación racional a esto, aunque seguramente influya en ello que Patricia, como ya dije antes, es antierótica. Incluso asexual, me atrevería a decir. A mí se me antoja como una especie de androide. No, más bien como el cruce entre una profesora de EGB y un androide, ya que las profesoras de EGB son cuidadosamente elegidas para no despertar pasión alguna entre el alumnado y así evitar un prematuro despertar hormonal entre los alumnos de sexo masculino. Pero bueno, esto son asociaciones de ideas mías que no vienen al caso. Lo que en cambio es algo comúnmente aceptado, o debería serlo, es que Patricia es repelentilla. Resulta que esta señora o señorita, además de hacer de presentadora, se permite el lujo de enseñar a vivir a la gente. Así es: aprovechando el desconcierto y desorientación sensorial que muchos de los invitados sufren, o simplemente su inferioridad intelectual, Patricia es juez y verdugo en este estercolero humano, y no duda en resolver cualquier conflicto entre los invitados dando o quitando la razón, o dictando su particular sentencia. Y a callar, como diría el abuelo del famoso vídeo del niñato del metro de Valencia.


No sé por qué, pero los veo como si fueran una misma cosa.

La chulería de la Gaztañaga es un aspecto que suele pasar bastante desapercibido en el programa y que realmente no tiene tanta importancia viendo cómo está el patio, pero que está relacionado con otro aspecto que sí que merece ser destacado: el trato vejatorio de los invitados a la hora de manejar los tiempos del programa. Si cualquiera de las historias se alarga, se corta en seco a los invitados, por dramática que sea la situación, y a otra cosa mariposa. Esto no es nada nuevo en la televisión actual, que se factura por metros y se vende a peseta el kilo si el “share” lo permite. Pero en “El diario” la cosa va más allá, y es perfectamente posible que algunos de los invitados no puedan llegar a decir ni “mú” porque cuando llega su turno, resulta que ya no queda tiempo. Supongo que a los responsables del programa se la suda mucho que todo el mundo llegue a intervenir, así que traen testimonios de relleno, por si hacen falta. Porque en ese plató, la gente no es más que materia prima, carnaza audiovisual de usar y tirar. Es de lo más humillante que he visto en televisión: ir a que te dejen en ridículo, y que ni siquiera se tomen la molestia de hacerlo.

Y termino ya, pero lo repetiré de nuevo: que no cometa nadie el error de cambiar de canal cuando aparezca este programa. Yo no lo hago. Todo lo contrario: hay que empaparse de este espacio y de sus historias, dejar que cale hondo en nosotros, que desatranque todas esas puertas y ventanas que hemos cegado para no ver la genuina miseria humana que nos rodea… pero que tanto necesitamos para reconciliarnos con lo que realmente somos. Ya lo leímos en Juan 8, 32: “La verdad os hará libres”. Y “El diario de Patricia”, mal que me pese, es pura Verdad. Ahora id y contad la buena nueva, hijos de perra.

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Mala época la del estudiante universitario cuando se acerca el final de curso. Los días se suceden en un bucle de operaciones tan previstas que apenas queda lugar a la auténtica improvisación. Mañana tras mañana, toca levantarse y sacar los apuntes, y pasar unas cuantas horas delante de ellos tratando de asimilar la mayor cantidad posible de conocimiento. Un breve espacio para las comidas y un descanso necesario, en la mayoría de los casos acompañado de su correspondiente siesta, es la innegable pausa que pide el cerebro para desconectar de tanta amalgama de conceptos.

A pesar de durar aproximadamente un mes, se convierte en una asquerosa rutina que acaba quemando tu tiempo libre, limitando las salidas con amigos y en mi caso, dando vía libre a todas esas teorías conspiratorias que me rondan por la cabeza en este período.

Como Bill Murray en la película que lleva el nombre de esta entrada, me despierto habiendo asimilado lo que estudié ayer, pero como si el mundo no hubiera dado una vuelta, continúo con la misma sarta de acciones que el destino parece tenerme preparados. Es frecuente la sensación de dejavú al ver que la hora del reloj coincide con la del día anterior, y no sólo la hora, sino mi postura en la silla, mis apuntes, e incluso los olores y sonidos parecen no diferir de los que escuché apenas 24 horas antes.

Sólo mi imaginación parece ir un paso más allá, pero no para bien, sino para mal. A menudo me juega malas pasadas, haciendome creer que mi tarea no es la de estudiar, sino la de pasar día sí y día tambien participando en uno de esos concursos televisivos, en los que tengo que responder a unas absurdas preguntas durante toda la eternidad…

Para colmo de males, la pesadilla suele tener lugar en el estrambótico plató de Pasapalabra, donde quedo encerrado junto a dos famosos que pertenecen a mi equipo. Su tarea es la de ayudarme a ganar al concursante del otro equipo, que cuenta con la inestimable ayuda de otros dos personajes famosos. Sin embargo, sus acompañantes parecen auténticos eruditos del conocimiento universal, mientras que mi pareja de colaboradores debió salir rebotada de algún casting de Gran Hermano. Ni su declarada afición por los deportes parece servirles de nada cuando les tocan las preguntas acerca de la presente Eurocopa, de los Juegos Olímpicos, o sobre cuestiones tan banales como el nombre de la herramienta con la que se juega al tenis. El caso es que su turno concluye con un anunciado fallo, que da paso a mi turno. En él, me apedrean a cuestiones históricas y geográficas, precisamente mi caballo de batalla, un campo de conocimiento que ni a base de partidas exhaustivas de trivial he conseguido mejorar con notables resultados. En la decimoquinta anécdota sobre la muerte de Napoleón, acumulo el decimoquinto fallo, y el turno pasa al rival, que acierta sin pestañear los 10 picos más altos del mundo, para regocijo de su pandilla.

100 programas, y los que quedan…

Otra de mis vivencias recurrentes es caer encerrado en un estadio de fútbol, en los cuartos de final de la Eurocopa en concreto. En él, me juego el pase a semifinales con España, y a pesar de contar en el equipo con todas las figuras que el entrenador ha convocado, el resultado siempre es 1 a 1. A veces marca Villa, otras Iniesta. Otras soy yo mismo el que coloca el balón en la escuadra tras un saque directo. A veces miro hacia el banquillo que me gustaría tener, buscando en mis convocados el desequilibrio con el que el entrenador no ha querido contar. Y en él veo a Cesc, con la sudadera puesta y el gesto torcido, porque está lesionado y no puede entrar. Veo a Yeste y a De la Peña, cada uno con la camiseta de su club, lo que me recuerda que no entraron en la convocatoria. Berbatov también me observa desde el banquillo con el chándal de la selección búlgara, equipo que no clasificó para este campeonato, y de alguna forma intenta motivarme a conseguir pasar de ronda por todos aquellos que no pueden estar aquí. Incluso Messi vibra con nuestras jugadas de peligro, ya que por la afinidad que tiene a nuestro país, está deseoso de un triunfo de la roja.

Y sobre todo veo a Guti. Al Guti futbolista con lo bueno y lo malo, un jugador que me llevaría, que aunque no siempre fuera titular por sus idas y venidas de olla que te pueden dejar con uno menos en el momento menos pensado, sí que saldría en la segunda parte para dar ese último pase que nos pone de cara un partido ya perdido. Y Guti, cansado de no entrar en las convocatorias, ni siquiera lleva puesto el atuendo de España. Con el peto sobre el chándal y la mirada perdida hacia un córner, se hace el loco como si la cosa no fuera con él, como si a modo de castigo por todos estos años sin que lo llamasen a la selección quisiera privarnos de su innegable magia.

La conclusión es que no hay manera, los italianos siempre consiguen empatar a uno, y mandarnos a los penalties. Casillas pone todo de su parte, incluso yo acierto a meter el mío. Pero con 5-4 y la necesidad de empatar, Torres manda el cuero a las manos de Buffon y ahí acaba el sueño de los españoles, y con él mi pesadilla. Lo cierto es que alguna vez he soñado algo muy parecido, y desde entonces no consigo que esta situación se vaya de mi cabeza, mucho menos en días como éstos.

El sueño acaba aquí. Para volver a empezar mañana…

Y de las más crueles artimañas que me reserva mi intelecto, en un alarde de originalidad sin precedentes, decide apresarme como el protagonista de un videojuego, condenado toda su vida a matar enemigos, coleccionar corazones y pasar de nivel.

Al menos las otras dos pesadillas me dejaban cierta libertad a la interacción con personas humanas, sin embargo en esta acabo rodeado de montañas animadas de píxeles, sin otra fijación que acabar con mis vidas. Esto me lleva a recorrer en innumerables ocasiones las montañas de Sonic y Mario, acumulando inservibles monedas y anillos de oro que no van a hacerme rico en ningún universo conocido, además de aplastar a toda serie de criaturas imposibles de ver en un zoológico por mucho que se empeñen los dueños en el cruce de especies.

Ojalá durase sólo un segundo…

O una que me aterra en particular, la de ser el personaje principal de Harry Potter, y tener que aprenderme unos tochos insufribles para dibujar cuadrados y círculos con la varita, o para meter un montón de folios dentro de una mísera carpeta.

Puestos a elegir, y ya que en esta vida hay que aprenderse auténticos tochos para conseguir un título, prefiero el mundo actual. A punta de ratón estoy dibujando mis primeros círculos y cuadrados, incluso alguna figura que tiene cierto parecido con una persona humana. Y eso de meter los folios en la carpeta también es algo cansado, pero estoy tan acostumbrado que prefiero el método tradicional.

Mi pesadilla se convierte entonces en la realidad, estar acosado por esa espada de Damócles que son los exámenes, en los que se juzga una serie de conocimientos que quizás sólo hagas tuyos por unos días y ya no te acompañen ni te exijan más durante el resto de tu vida. En ese camino entre el abismo y la salvación me muevo en estos días, una senda que puede llevarme a acabar los estudios, y en la que tengo puesta muchas esperanzas, es por eso que me encuentro algo agobiado (sólo un poco, pero en mí ya es suficiente) en esta etapa final de mi carrera universitaria. Espero que a ustedes no les resulte tan abrumador para su mente como pasa conmigo.

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La de hoy es una entrada realizada a medias con Carlosbcn, autor del blog “Estable dentro de la gravedad” que ya he recomendado en más de una ocasión. Dada la envergadura del texto, he decidido separarla en dos entregas, a cuál mejor. Que lo disfruten.

Mi amigo Alfredo me pide que escriba algo sobre la tele. Bueno, no me lo pide: casi me lo exige, y me amenaza con hacerle cosas horribles a mi mascota si no cumplo sus descabelladas órdenes. Desesperado, le imploro un ápice de piedad, un poco de comprensión, pues yo no tengo mucha idea de televisión si me sacan del porno y la teletienda. Y entonces, él dice las tres palabras mágicas: “Diario de Patricia”.

(más…)

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Es miércoles y falta poco para las 9 de la mañana, eso quiere decir que debo estar conduciendo de camino a la universidad. Mi universidad se encuentra fuera del “perímetro” de la ciudad de Huelva, cercana al pueblo de Palos. Tan cerca está que celebramos las festividades de este pueblo y nos saltamos alguna de la capital, fíjate cómo andaremos de lejos de la civilización. El camino de mi casa a la universidad es un poco largo en coche (en autobús es eterno), lo que me permite escuchar un ratito de música mañanera de la que me gusta. Y cuando digo escuchar música, incluyo también el echar competiciones con los cantantes a ver quién chilla más alto, así que no tardo en encajar la radio, poniendo a vibrar los altavoces.

Paso la plaza de toros, y me resulta irónico escuchar el Quiero Saber de El Puchero del Hortelano en este momento (¿por qué? ya lo verás).

Sigo por avenida Doctor Rubio, intentando alcanzar a Jose Luis Figuereo en Amor de géminis con más ganas que suerte. Doblo hacia el puerto, y aunque ya suena el You know what I mean de Amparanoia, prefiero tocar un par de botones de la radio, y cantar Eima a trío con Marina de Ojos de Brujo y Muchachito Bombo Infierno, en el camino que me lleva del puerto al Colombino, pasando por el muelle del Tinto.

A mi derecha la ría de Huelva, a mi izquierda el Polo Químico. A mi derecha: gaviotas, bosque, agua, naturaleza, luz. A mi izquierda: fábricas, coches, polución, color gris. En este momento, Marina decide que es muy temprano y que va a acostarse, y deja solo a Muchachito. Acaba Eima y le siguen las inconfundibles trompetas del comienzo de Azul.

http://www.goear.com/files/sst3/9db640ad4bf3a37d7bd3eb16b1272e65.mp3″

…Azul…

Más que irónico el momento que elige Jairo (Muchachito) para entonar esta letra. Al momento en que suena la primera palabra del estribillo, se cierne sobre mí una nube gris, que desafortunadamente no está compuesta por agua.

…Que el cielo se ponga azul…

La niebla y la peste que causa todo ese vertido de humo me obliga a bajar las ventanillas. Miro al cielo y no hay noticias del sol ni del propio cielo. Polución y más polución que me devuelve a la realidad diaria. Me estoy ganando un cáncer. Y lo peor es que hay muchos precedentes.

…Y llegue el día con su luz…

Una luz que avanza difusa entre la densa niebla esquivando las chimeneas para que el sol se refleje en la ría desde el otro lado del horizonte. Y el aire puro que libra su particular batalla por llegar a mis pulmones contra toda esa cantidad de humo.

…Y me enamore yo de verte…

Pues visto el panorama, no me enamora nada tomar esta ruta día a día. Con este son ya 4 años sorteando (y nunca mejor dicho) el sector industrial, en los que me veo sometido a continuas radiaciones que en la zona de los fosfoyesos sobrepasan los límites legales unas 25 veces. La estatua a Colón, erguida a escasos metros de la ría, está bañada por una minúscula playa, en la que mis padres iban a bañarse cuando jóvenes los fines de semana. Hoy día, sumergirse en esa ría es comprar boletos para la lotería de las enfermedades.

Sin todas esas fábricas, la ciudad ganaría muchísimos enteros, tanto visualmente como en el aspecto de salud de sus habitantes, pero por otra parte, dichas fábricas sustentan a gran cantidad de familias de la provincia. Situación que genera un eterno debate entre la estabilidad del medio ambiente, y la de las familias de los trabajadores.

Sean libres de opinar lo que quieran, aunque les comento que éste es tan sólo un resumen

¿Quieres más? La canción Quiero saber de El Puchero del Hortelano podría considerarse un tanto “antitaurina” de acuerdo a algunas estrofas, de ahí el sarcasmo. Aquí pueden encontrar la letra (ignoren los acordes de guitarra)

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Bien, aunque tengo muchas cosas que me hubiera gustado comentar desde mi ultimo post, me centro en una de las que más me llama la atención últimamente. Microsoft y el rendimiento de un sistema operativo.

El verano pasado me compre un portátil, artilugio que se ha vuelto como mínimo indispensable en mi tarea diaria, tanto que me resulta impensable realizar los trabajos y prácticas sin él. Miro atrás y me pregunto cómo hice para apañármelas sin él durante los años anteriores, en los que utilizaba los viejos y a veces desesperantes por lentitud ordenadores de serie del campus.

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Es muy parecido a ese. Las diferencias son mínimas por fuera, pero abismales por dentro. Por desgracia, lo compré en la época en que comenzaba a aparecer Windows Vista. Maldito el día en que adquirí ese sistema operativo. Utilizar Windows Vista es tan cómodo como sentarse en una silla llena de clavos.

Imaginad que vais a un restaurante y pedis el menu: quiero patatas fritas con huevo. El camarero os contesta: has pedido patatas fritas con huevo, ¿seguro que quieres patatas fritas con huevo? Tu un poco extrañado le contestas de nuevo que sí. No has terminado tu frase y el camarero vuelve a preguntarte de nuevo: Las patatas fritas y el huevo le costarán dinero ¿seguro que las quiere?… SÍ JODER!! Así de fácil es instalar un programa en Windows Vista. Aunque también tienes una opción: decirle previamente al camarero: Oye, quiero unas patatas fritas con huevo, voy a pagarlas. Eso nos ahorraría la segunda pregunta.

Bien, llevo unos 8 meses con el aparato, y a pesar de que nos entendemos bastante bien a estas alturas, aún no se fía de mi cuenta corriente, y me sigue preguntando si voy a pagar por mi menú. ¡Que ya somos colegas! Que he puesto contraseña para que no te toqueteen otros sinvergüenzas y me mancillen los trabajos. Pues nada, es un grave defecto en un sistema operativo pensado para facilitar la labor al usuario. La labor de aborregarse y decir que sí a todo. A todo lo que nos vendan… o intenten colarnos.

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A mi ordenador, debo decirlo, le pido bastante. Lo necesito para la mayoría de las asignaturas de la carrera. Cada una con un programa distinto. Algunos comen recursos del ordenador pero con bocados realmente grandes. Utilizar el ordenador con uno de estos programas es como intentar andar con dos niños pequeños agarrados a tus piernas. Resulta pues más rentable dedicar el tiempo a trabajar, aunque siempre puedes echar un cuarto de hora esperando a abrir tu bandeja de entrada, o reiniciando el ordenador porque se ha colapsado. Es igual, no nos estresemos, igual era demasiado para él.

Los ordenadores están preparados para las funciones básicas, los programas complejos deben pensar los de Microsoft que son para un sector tan reducido, que no les sale rentable ofrecer auténticas ventajas al usuario con los nuevos sistemas operativos que diseñan. Windows Vista come tantos recursos que definitivamente está pensado para el usuario común: Messenger, mirar el correo, ver las fotos, descargar música, escuchar música, enviar archivos, jugar juegos. Son 7 tareas, incluso podemos considerar alguna casi repetida, pero son las 7 tareas para las que windows vista está pensado.

El muy canibal de este sistema operativo se adueña de la mitad de la máquina nada más arrancar el ordenador. Pondré un ejemplo que igual os resulta más sencillo de entender. Imaginad que Windows Vista es una empresa de pintura que nos ofrece los materiales para pintar nuestra casa. Firmamos el contrato y aparece el camión con los materiales. La caja está llena de ventanas, pero nada más abrirla nos damos cuenta del engaño. Al utilizar la escalera, no alcanzamos más que a lapaint.jpg mitad de abajo, la mitad de arriba queda fuera de nuestro alcance. Windows Vista nos engaña con la ilusión de poder rellenar toda esa otra mitad, pero en la práctica es falso, ya que quiere la mitad para él. Para colmo, cuando vamos a coger la brocha, viene un tío por detrás a darnos dos toquecitos en la espalda, y nos pregunta: ¿quiere pintar la valla? Miraver.. estoy aquí con los tiestos y con el traje de faena.. Pero es que nada más darnos la vuelta nos vuelve a preguntar: Pintar la valla le costará dinero, ¿seguro que quiere hacerlo? …….

El motivo principal de todo este enfado, la verdad que acumulado, surge desde hace unos días en que instalé un juego. Pro Evolution Soccer 2008. Para los desconocedores, se trata de un juego de fútbol que permite jugar con los equipos de las más importantes ligas. Para mí es el más real a la hora de jugar, el tema de las licencias y los nombres de los equipos es algo secundario. Bien, pues la edición de este año dista mucho del realismo que tenía la versión del año pasado, a la que he jugado durante muchísimo tiempo.

Volvamos a las parábolicas. Para no salir mucho del tema, supón que eres entrenador de un equipo de fútbol. Si no estás conforme, cambia el nombre del deporte por baloncesto, beisbol, waterpolo o uno de esos deportes minoritarios para afeminados . Bien, una vez te han dado la manija del equipo, suponte que controlas al Barcelona, pues viene un tio y aparte de avisarte dos veces de que manejar al Barcelona te va a costar dinero, de si estás seguro (esto lo hace cada vez que vas a entrenar), te impone unas restricciones que no esperabas.

Mi ordenador no es el más rapido del momento. No lo fue en su tiempo, ni esperaba que lo fronaldinho_2.jpguera por el precio que me costó, que tampoco fue una ganga. Un ordenador muy bueno, caro pero con requisitos como para aguantar el resto de la carrera, período en que considero debe cumplir su función. Bien, los requisitos de los programas informáticos los ha solucionado en mayor o menor medida. En los peores casos, a veces por potencia y relativa novedad del ordenador, en otras ocasiones por maestría del que lo maneja (si tiene sueño, va lento y está cansado, se le deja dormir un rato) me ha resuelto la papeleta. Pero lo del Pro Evolution Soccer me ha dejado valga la redundancia en el tema fuera de juego.

Resulta que tras decirle al buen hombre que si, que estoy seguro de que voy a entrenar y pagaré por ello, ahora no puedo disponer de toda la plantilla del Barcelona al 100%. Leo Messi está lesionado y no va a jugar. Ronaldinho está lesionado y no va a jugar. Etoo está lesionado y no va a jugar. Henry está lesionado y no va a jugar. Así con media plantilla. Además, la mala gestión del cuerpo técnico ha sustituido al portero por un contorsionista de circo. Puede llegar a balones imposibles estirándose mediante técnicas de movimiento no recogidas en el kamasutra, pero el balón entrará en portería siempre que vaya a media velocidad. La defensa se ha sustituido por un corral de gallinas que no dudará en encerrarse y pegarse empujones dentro del área. Y hemos sustituido el resto de jugadores por unos robots que no saben pasar el balón, que corren sin mover el tronco, pero que pueden repetir una y otra vez el gol de Maradona aunque se llamen Vanden Borre y tengan 17 años. Por cierto, algunos partidos los perderás por decreto, aunque juegues con rivales en puestos de descenso. Ah, pero está compensado con goles que meterán los porteros rivales cuando vayan fuera.sorrentino.jpg

Esa es más o menos la historia que resulta de jugar a Pro Evolution Soccer. El juego salió por la fecha de octubre del año pasado, y mi portátil “nació” a mediados de julio. ¿Tanto han cambiado las reglas en tres meses para que me limiten tanto mi función de entrenador? El juego dispone de tres resoluciones: alta, media y baja.La baja es la única que me permite jugar en nivel de “diversión”. En calidad media los jugadores van a tirones, y en nivel alto es otro juego en que los jugadores se llaman Neo, Trinity, y el otro equipo es un grupo de agentes. Velocidad lentísima e injugable. Bien, pues según los poseedores de un equipo con el caché (y la caché) suficiente para mover el juego a máxima resolución, la jugabilidad cambia por completo: ya no hay restricciones en tu equipo y puedes manejar a los cracks como en juegos anteriores: ni contorsionistas, ni gallinero, incluso alguno mencionó que ya no le preguntaban si quería pagar pero esto último ya no me lo creí.

La pregunta es.. ¿Por qué desde Windows ofrecen un producto de calidad sólo a los usuarios que pagan más dinero por tenerlo?¿Por qué venden humo al resto y nos ponen limitaciones? Lo harán para que gastemos más dinero en otros equipos nuevos, de hecho la mayoría de ordenadores que montan Windows Vista son nuevos. Debí haberlo desinstalado nada más recibirlo, ahora es demasiado tarde y la migración a otro sistema operativo (incluido windows xp) me llevaría días solo en reinstalar los programas y reorganizar los ficheros… Temo que llegue el momento en que deba formatear… No saben la de programas y la de configuraciones que tengo metidas por aquí. Creo que correría una maratón antes que instalar todo esto de nuevo. Aunque el sistema está pensado para el usuario, para que no tengamos que desinstalar todo esto… ¿y si falla mi amigo en un momento dado?

Entonces echaré de menos todas esas conversaciones en que me preguntaba si estaba seguro de que quería patatas fritas y huevo. Eso nos lleva a la respuesta que damos a Windows: Sí, quiero mi menú. Sí, pagaré por ello. A eso nos han acostumbrado.

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Resulta cómico escribir esto cuando te has levantado en uno de esos días en que parece que no debieras haber salido de la cama. Todo desde esta mañana salió al contrario de como había previsto. Sin embargo, comparar los problemas con los de mucha otra gente que lo pasa muy mal me ha enseñado a no quejarme por nada. Eso sí, los 5 minutos de furia ehpañola no me los quita nadie. Bromas aparte, hoy he tenido que emplear grandes dosis de autocontrol para no reventar ante ciertas “injusticias” ocurridas en mi universidad. Sin embargo, espero tener el tiempo y la dicha para plasmarlas en un libro.

politicos.jpgHace rato tuve la oportunidad de ver el debate político entre Zapatero y Rajoy. Es una suerte ver este tipo de eventos humorísticos, uno apenas tiene la oportunidad de presenciarlos una o dos veces cada doce años. Como son más infrecuentes que un eclipse (y mucho más divertidos), este debate me ha llamado la atención, y aunque en principio no eran esos mis planes para esta noche, me he dedicado un poco a presenciar la “pelea”.

Quienes me conocen saben que de política ando frito. Alguna vez he preguntado a qué partido pertenece un determinado político famoso, o que diferencias hay entre izquierda y derecha. Es que la política me parece un mundo sobrevalorado (aunque un poco necesario), no obstante les daré mi opinión del estado de las elecciones. ¿Qué diferencia veo yo entre izquierda y derecha? La derecha es mi pierna buena en fútbol, le pego mucho mejor aunque ya estoy haciendo mis pinitos con la izquierda. ¿Por qué elegir si puedo darle con las dos? Pues igual los políticos deberían aprender a utilizar más su pierna mala, y a no confiar siempre en su pierna buena porque a veces les da disgusto.

Lo anterior es un galimatías que igual no entendieron (normal, hablamos de política). En el debate de hoy se dejaron muchos aspectos importantísimos por tratar, aspectos fundamentales en la vida diaria, mucho más importantes que todas esas banalidades que estuvieron discutiendo tanto rato (maldito precio del pan). Les propongo una muestra del debate Zapatero – Rajoy que personalmente me hubiera gustado:

-Rajoy: sr Zapatero, a las cifras me remito. En los últimos 4 años, se ha incrementado el porcentaje de zurullos y soretes que hay en las calles, por culpa de los perros a los que usted no ha taponado el culo convenientemente durante el periodo lectivo de los mismos. Resulta dificultoso caminar por la calle sin mancharse uno los zapatos, y no resulta nada agradable entrar en un bar con uno de estos premios en la mano, para que cuando entres en el bar te digan “es mierda tíralo” y tengas que tirarlo. ¿Qué medidas piensa tomar para regular esta situación?

-ZP: verá señor Rajoy, el aumento de cagaderas de perro se debe a la mala distribución de pienso que tuvo lugar durante el mandato del PP. Entre los años 2001 a 2003, en los laboratorios españoles se implantó como ingrediente del pienso canino, un ingrediente llamado diarreina, cuyas propiedades eran fortalecer el pelo del animal y mitigar en parte el olor de las ventosidades de los bichos. Sin embargo, no se especificaban los daños colaterales, los efectos secundarios causados por esta materia, que llevaban al perro a un estado continuo de apretones y quejidos, que les hacían soltar el cagazo en el momento menos pensado. Yo mismo sufrí las consecuencias de su mala gestión durante el cumpleaños de mi hijo en 2003. Mientras apagaba las velas, el perro que pasaba por allí saltó a la mesa y echó el emolumento en plena tarta, imagínese “el pastel”. Y por culpa de la cantidad de infiltrados que tenían ustedes por la política exterior, uno de los amigos de mi hijo que resultó ser miembro de la Interpol, fotografió la escena y ahora se está haciendo rico vendiendo nuestras vergüenzas por Ebay.

-Rajoy: se equivoca sr. Zapatero. Nuestra política exterior fue mas que correcta. Excelente diría yo. ¿Sabe la cantidad de videojuegos importados que trajimos?13.000, todos en versión original. Los niños disfrutaban jugando al Grand Theft Auto en hindú, y aprendieron húngaro a traves del “Monopoly Budapest”. Es más, nosotros fuimos los encargados de cambiar todas esas feas pegatinas de “fabricado en Alcorcón”, ó “hecho en Dos Hermanas”, ó “producto de Trebujena”, por un sobrio y estético “made in Taiwán”. Y es algo que nos hizo ganar muchos votantes, debo reconocerlo. ¿No le parece que su gobierno debería tener alguna idea brillante como la nuestra?

-Zapatero: ¿Le parece poco brillante la nueva ley de sanidad? Mediante ella, los suelos se limpiarán con papel de lija, para evitar las marcas de comida y bebida producidas por la gran cantidad de alimentos que importamos del extranjero, debido a nuestra saneada posición económica. Además, los azulejos de los baños públicos estarán tan limpios que podrán chuparse con la lengua como siempre hemos querido, sin miedo de contraer sífilis. Ahora se puede mear fuera en el váter de tu bar preferido sin miedo a las represalias del encargado, que ya habrá enviado a recoger la inmundicia a algún inmigrante ilegal al que hemos tramitado los papeles gracias a la factura de un bonobús, que le convierte automáticamente en español con derecho a piso, a trabajo, a roce con la vecina, y le otorga +24 de carisma y una residencia a nivel 4 en Travian.

-Rajoy: todo eso está muy bien, pero no me hable en ese lenguaje tan técnico. ¿Qué pasa con el tema de los autobuses? ¿Están obligados los españoles a circular en este servicio público ya obsoleto? Es muy desagradable levantarte a coger tu transporte, y que en el interior te veas espuesto a un cáncer cervical por pasar tanto tiempo con la cabeza inclinada, debido al olor a perros muertos del sobaco del que va de pie, que presume de pelambrera en la pechera y de mostachero cenicero (en el que hay restos de langostinos de la boda de su cuñao). Además de la indignación que supone que venga un tío bajito y feo a arrimarte la cebolleta y encima se haga el despistado cuando lo miras, así sin amor ni ná y por detrás a traición…

-Zapatero: Oh, se olvida usted de la nueva remesa de autobuses que prepara el ministerio de remesas. Ahora medirán 7 metros de ancho, para albergar un pasillo central, además de incorporar una zona para fumadores situada bajo el guardabarro. Tendrán que fumar tumbados boca abajo en la parte exterior del vehículo, expuestos a ser aplastados por la rueda en cualquier momento, eso no se lo discuto. Pero tendrán la posibilidad de fumar, cosa que no sucedía en su gobierno. Además, ahora podrán circular bicicletas por el carril bici, antes destinado a otros servicios….

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El debate, por supuesto, acaba con zapatero y rajoy bailando en lo alto de la mesa el “Tonto, jump on it” que hace tiempo nos regalaron Will Smith y Carton

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