Que el cielo se ponga azul
5 Abril, 2008 por mvp14
Es miércoles y falta poco para las 9 de la mañana, eso quiere decir que debo estar conduciendo de camino a la universidad. Mi universidad se encuentra fuera del “perímetro” de la ciudad de Huelva, cercana al pueblo de Palos. Tan cerca está que celebramos las festividades de este pueblo y nos saltamos alguna de la capital, fíjate cómo andaremos de lejos de la civilización. El camino de mi casa a la universidad es un poco largo en coche (en autobús es eterno), lo que me permite escuchar un ratito de música mañanera de la que me gusta. Y cuando digo escuchar música, incluyo también el echar competiciones con los cantantes a ver quién chilla más alto, así que no tardo en encajar la radio, poniendo a vibrar los altavoces.
Paso la plaza de toros, y me resulta irónico escuchar el Quiero Saber de El Puchero del Hortelano en este momento (¿por qué? ya lo verás).
Sigo por avenida Doctor Rubio, intentando alcanzar a Jose Luis Figuereo en Amor de géminis con más ganas que suerte. Doblo hacia el puerto, y aunque ya suena el You know what I mean de Amparanoia, prefiero tocar un par de botones de la radio, y cantar Eima a trío con Marina de Ojos de Brujo y Muchachito Bombo Infierno, en el camino que me lleva del puerto al Colombino, pasando por el muelle del Tinto.
A mi derecha la ría de Huelva, a mi izquierda el Polo Químico. A mi derecha: gaviotas, bosque, agua, naturaleza, luz. A mi izquierda: fábricas, coches, polución, color gris. En este momento, Marina decide que es muy temprano y que va a acostarse, y deja solo a Muchachito. Acaba Eima y le siguen las inconfundibles trompetas del comienzo de Azul.
…Azul…
Más que irónico el momento que elige Jairo (Muchachito) para entonar esta letra. Al momento en que suena la primera palabra del estribillo, se cierne sobre mí una nube gris, que desafortunadamente no está compuesta por agua.
…Que el cielo se ponga azul…
La niebla y la peste que causa todo ese vertido de humo me obliga a bajar las ventanillas. Miro al cielo y no hay noticias del sol ni del propio cielo. Polución y más polución que me devuelve a la realidad diaria. Me estoy ganando un cáncer. Y lo peor es que hay muchos precedentes.
…Y llegue el día con su luz…
Una luz que avanza difusa entre la densa niebla esquivando las chimeneas para que el sol se refleje en la ría desde el otro lado del horizonte. Y el aire puro que libra su particular batalla por llegar a mis pulmones contra toda esa cantidad de humo.
…Y me enamore yo de verte…
Pues visto el panorama, no me enamora nada tomar esta ruta día a día. Con este son ya 4 años sorteando (y nunca mejor dicho) el sector industrial, en los que me veo sometido a continuas radiaciones que en la zona de los fosfoyesos sobrepasan los límites legales unas 25 veces. La estatua a Colón, erguida a escasos metros de la ría, está bañada por una minúscula playa, en la que mis padres iban a bañarse cuando jóvenes los fines de semana. Hoy día, sumergirse en esa ría es comprar boletos para la lotería de las enfermedades.
Sin todas esas fábricas, la ciudad ganaría muchísimos enteros, tanto visualmente como en el aspecto de salud de sus habitantes, pero por otra parte, dichas fábricas sustentan a gran cantidad de familias de la provincia. Situación que genera un eterno debate entre la estabilidad del medio ambiente, y la de las familias de los trabajadores.
Sean libres de opinar lo que quieran, aunque les comento que éste es tan sólo un resumen
¿Quieres más? La canción Quiero saber de El Puchero del Hortelano podría considerarse un tanto “antitaurina” de acuerdo a algunas estrofas, de ahí el sarcasmo. Aquí pueden encontrar la letra (ignoren los acordes de guitarra)









