Informático al rescate
23 Enero, 2008 por mvp14
Cuando estás eligiendo la carrera que quieres estudiar, y preguntas por informática, una de las razones de más peso que te dan para que la elijas es la siguiente: “…informática es una carrera con muchas salidas…”
Falta especificar que la salida que muchos toman es por la puerta de atrás, a los pocos meses de iniciar la carrera. Pero esa es otra historia. Hoy se me planteó un problema que me hizo reorganizar mis prioridades… El problema dice más o menos así:
“[..] Hay tres misioneros y tres caníbales en la orilla de un río. Tenemos que pasarlos a la otra orilla a través de una barca de capacidad limitada. La barca tiene 2 plazas, y necesariamente debe transportar a una persona como mínimo en cada viaje. No pueden quedarse más canibales que misioneros en una orilla o se los comerán. [..]“
Bien, ya el enunciado os habrá dejado un poco preocupados, pues imaginaos como estoy yo… Aprobar mi carrera depende de este ejercicio, ¡¡pero la vida de esos pobres indefensos misioneros depende de mí!!
Antes que nada, cabría hacerse como mínimo una serie de preguntas como.. ¿qué coño pintan tres misioneros en la orilla del río con tres caníbales? ¿cómo entenderán mis instrucciones unos caníbales? ¿que serie de casinos y clubs de alterne se encuentran en la otra orilla para que todos tengan esas ganas imperiosas de cruzar al otro lado? El enunciado no lo concreta en absoluto.
Otra cuestión: Yo soy el encargado de resolver el problema, pero no se especifica de qué forma. ¿En qué modo recibirán esas personitas mis instrucciones? No conozco manadas de caníbales salvajes en la periferia de mi ciudad. ¿Será que el presidente ha dispuesto un teléfono rojo con comunicación directa entre esa gente y yo? ¿Es tan triste la idea de que en un mundo que suponemos muy desarrollado, la vida de tres pobres misioneros dependa de un pobre chaval que ni siquiera ha terminado su carrera de informática?
Bien, supongamos que me hago cargo de la situación (no tengo más remedio, sacar un 4,5 en declarativa no me simpatiza y este ejercicio hay que hacerlo). ¡Vale, manos a la obra! A ver por donde empezamos, recordemos algo del enunciado sobre cómo transportar viajeros. “[..] La barca tiene 2 plazas, y necesariamente debe transportar a una persona como mínimo en cada viaje. [..]“
Esto da qué pensar. Si la barca tiene 2 plazas, y hay que llevar a alguien necesariamente, tendré que transportar a 2 personas para que una de ellas quede para el viaje de vuelta. Bien, supongamos que en el viaje de ida meto a un misionero y a un canibal. Yo.. ¿donde coño me meto? Porque no me veo desde el otro lado del teléfono rojo dando instrucciones, si hay vidas humanas en juego hace ya tiempo que firmé un contrato donde debía supervisar los acontecimientos. Entonces, ¿me quedo de juez de silla para ver si cada uno entra o no? Jefe de operaciones no me fio, no se especifica el caudal del río y es posible que si me quedo en una de las orillas, en la otra pasen cosas sospechosas (incluyendo zoofilia, domesticación y alargamiento de ojete).
Una posibilidad sería empujar la barca, pero recordemos que la capacidad es limitada, y yo no tengo cabida en ella según el problema. No me queda otra que ataviarme con mis bermudas, mi chaleco salvavidas, y echarme al agua a cumplir con mi labor: empujar, empujar y empujar. Empujar es una palabra que si no va asociada al sexo me da una pereza… Volviendo un poco al tema, el enunciado tampoco especifica qué material transporta el río. Aaaay amigos, alguno se reirá, pero seguro que más de uno preferiría directamente cambiar de titulación si hubiese leído: “[..] Hay tres misioneros y tres caníbales en la orilla de un río de mierda, lleno de pirañas hambrientas y cocodrílos con sífilis y herpes genital [..]“
Es un poco pronto para jugarse el pellejo, así que mi rol será el de “ente fantasmal” que guía el timón de la barca. Y alguno se extrañará de que los caníbales lleven todos esos colgajos y pintura repartidos por el cuerpo. Para qué van a ser, ¡para espantar a los entes como yo que no les dejan comerse a la gente en paz!
Otra circunstancia buena serían esos viajes en los que se transporta a dos personas. ¿De que hablar con un misionero? ¿De las posturas que practican al hacer sepso (este lo tenía que meter por algún lado)? ¿De qué hablar con un caníbal? ¿Le pregunto a qué sabe la gente? ¿Si le gusta la carne tierna o pasadita? ¿Si tengo buena pinta? Pero qué demonios estoy diciendo, soy un ente fantasmagórica que se limita a dar simples instrucciones, a empujar una barca. Me limitaré al ya consabido “manual de comportamiento en un ascensor estrecho”, que incluye los clásicos mirar al techo -cielo-, mirar el suelo -agua- para volver a mirar el cielo al segundo, hablar del tiempo, tirar un escupitajo para ver si cae por el agujero…
Bien, ya que hemos movido un poco a la gente de sitio, supongamos que tenemos a uno de cada tipo en un lado, y transportamos a dos pasajeros hacia la orilla de destino. “…En ella no puede haber más canibales que misioneros…” Bueno, yo creo que un caníbal al que ha transportado un ente fantasmal en una canoa del tres al cuarto, que ha sufrido vejaciones de compañeros de profesión por no poder hincarle el diente a un misionero que viajaba en su misma barca, debido a una restricción de un problema impuesto a un estudiante de infórmatica de España, a un canibal que cumple con su cometido de canibal consecuente con las restricciones de un problema informático… ¿A ese caníbal que coño le importa lo que hagan sus colegas? ¿Para qué mierdas se va a tirar esperando el resto de la tarde a que yo empuje al resto de personal hasta el otro lado? ¿Acaso el enunciado del problema especifica que todas las personas deben esperar de pie y en posición de alerta en la otra orilla, para cerrar el ejercicio al más puro estilo fin de programa de Jose Luis Moreno?
Noooo señores, seguramente el caníbal estará hasta las narices de respetar las leyes matemáticas, y se habrá metido en el bosque a fumar marihuana. Seguramente ya me haya pasado un poco en uno de los viajes de ida, y esa sea la consecuencia de que yo esté escribiendo todo esto.
No tengo idea de cómo acaba la cosa, si uno de los misioneros se lo comen, si al final acabarán haciendose amigos y tirándose pedos todos juntos al acostarse en una de esas competiciones adolescentes. Lo desconozco y no me importa, he llegado a un punto en que recibir un 4,5 será un auténtico alivio, pues significará que en algun lugar, en alguna otra universidad politécnica, hay un estudiante de informática que no duerme, ya que de él dependen la vida de 3 pobres misioneros… en algún otro lugar remoto de este mundo…






Ese problema tiene algunos fallos. No te adicen si lso caníbales tienen hambre, o si los misioneros han sido declarados comestibles por la organización mundial de la salud. Además, eso de que en la barca sólo caben dos personas no me lo trago; ¿pesa lo mismo un misionero rechoncho que un pobre caníbal que sólo se echa un poco de carne a la boca cuando algún desgraciado se extravía en la selva?
Demasiado complejo para mí.
Un placer saber de tí; me pasé hará un par de meses (o tres) por Inci, escribí el artículo “Fecha de caducidad” y volví a descolgarme. A menudo entro y cotilleo muy por encima cómo van las cosas, pero ando ocupadillo con las cosas del mundo en general. Seguramente en los largos periodos de vacaciones (léase Semana Santa, verano y esas cosas) me pase por allí para dar un poco de guerra, que se echa de menos.
Un saludo, compañero.
JAJAJAJJAJA. Me cagué de risa con este post, ¡muy bueno! La cuestión no es cómo transportarlos sino… ¿Por qué cruzaron el río los caníbales? Es algo parecido a lo del pollo que cruzó la calle, pero en plan salvaje. Yo diría que la respuesta más lógica es: porque los misioneros eran unos pervertidos y querían vestirlos de bailarinas y atarlos a un lecho de hojas de plátano. Pero esto es sólo una suposición.
Saludos.
Yo mandaba a los tres caníbales en la barca, y cuando se estén hundiendo, coger la barca, que se caigan, y luego transportar tranquilamente a los misionero. Los caníbales no me importan.